Sally Rodríguez

Sally Rodríguez nació en Estancia Nueva el 19 de Octubre de 1957, en Estancia Nueva, Moca, República Dominicana. Es poeta, artesana, egresada de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra de Santiago en Filosofía y Letras. Durante ocho años ejerció la docencia en universidades del interior. Ha publicado Luz de los Cuerpos (1985), Diálogos sin cuerpos (2003) y las antologías Una mujer está sola (textos de Aída Cartagena Portalatín, 2005 ) y Milagro de jueves (textos de jóvenes poetas del Taller Literario del Centro de la Cultura de Santiago, 2005). La llama insomne (mediaisla 2008) es su tercer poemario.
Sus textos han sido divulgados en numerosas antologías nacionales e internacionales. Así como periódicos y revistas de literatura. Actualmente se dedica a labores de artesanía y conduce el taller literario del Centro de la Cultura de Santiago. Tiene inédito el poemario “La Oquedad de los días”
Sally Rodríguez pertenece a ese grupo poético, esa religión, que ha hecho del cuerpo el templo que origina una poesía lúdica, imaginativa, tejida en la vigilia del celo materno. O del cero, virginal e inocente, que a la cifra fecunda con sus atrevimientos en los arcanos de una escritura inicial, de convergencia.
Luz de los Cuerpos (1985)

Al respecto, significativa es la sinceridad de Sally Rodríguez en el prólogo de su poemario Luz de los Cuerpos(6): “Mas yo soy mujer, y muy a menudo no sé qué hacer conmigo, confundida entre los sueños que me buscan, temblando me acerco las palabras desgarrando el consuelo”.
Luz de los cuerpos
Hoy
cerré los ojos y vi
una mujer ahogada
en paisaje encendido
El vuelo blanco sentí
de garzas en mis senos
Las voces de la mañana
se levantan
una muchacha corre
con un silencio florecido
en las entrañas.
Y los adolescentes se arrodillan
ante la luz de sus cuerpos
Hoy
no quiero morir
El tiempo resbala
en el cristal
y resbala en la luz.
Las palabras se apagan
Un por qué atravesado en la angustia
un por qué en mis labios
Las palabras se apagan
No hay respuestas en esta inmensidad
las manos están solas
y el agua limpia se escapó
Por qué estoy aquí otra vez
Las mariposas blancas se fueron
y la mirada se perdió en la tierra
¿Por qué se robaron la lluvia
que mojaba mi casa blanca
el río que corría hacia otro río
el verde de los recuerdos
y la mirada tibia?
Tengo un por qué atravesado en la angustia
No hay respuesta en esta inmensidad.
Mujer
Ven que soy espuma
y puedo darte claridad
Puedo darte mañanas de cantos campestres
de pequeña flor que corre por el río
con risa transparente
Puedo amarte así
como ensueño de mariposas
Puedo ser piel y tibieza
puedo darte la noche que guardo
y viento que envuelvo
más allá del silencio
Puedo darte toda mi piel y mi hondura
soy el agua brava del río
soy la noche la noche
las tres de la madrugada y el fuego
Romperás mi vestido
y conocerás
el fondo de mi profundidad
más allá de la piel
Flamboyanes muertos
Flamboyanes muertos
me rodean
Voy hacia el adiós
profunda nada
No sé qué hacer
con estas flores
desnuda llorando
Y sin embargo
abrazando mañanas
que me quieren llevar
hacia el abismo
En esta soledad de pétalos
donde fue paisaje rojo
no quiero el vacío
La mirada fija siempre
y sin hablar
y entre mis dedos
la humedad
Flamboyanes muertos
me rodean
Noche
Estoy al final de la noche
una espantosa belleza
me hiere
Es demasiado
para mis ojos
que morirán mañana
Estoy llorando
por no saber qué hacer
con el presuroso río
y esa luna clavada
en su soledad.
Paisaje de imposible dolor
En esta tarde poblada de piedras
camino sola con mi memoria
indiferente
alucinada
No quiero ser más que la que soy
Vivir es una palabra verde y mojada
que tiembla en mis noches
y es este mundo
que se quiebra en mi garganta
mientras sola
apoyo la mirada
alucinada y fría
en aquel paisaje de imposible dolor.
Una sonrisa sin tiempo
Desde tu cuerpo
una sonrisa sin tiempo
y más allá de tu sonrisa
la lluvia
Tengo un presentimiento
mojado de auroras
son estas horas oscuras y frescas
sin memoria
desnudez
de nacer
en este instante verdeoscuro
profundamente húmedo
Tenemos que nacer ahora
en esta luminosidad sin horas
de nuestros cuerpos
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Diálogos sin cuerpos (2003)

La poesía de Sally está impregnada de un lirismo sensual, cuya belleza brilla por sí sola. La juventud, deslumbrada por la tersura de los cuerpos, persigue el fuego que los consume de goce.
Vacilante estela
El ser se desmorona en espantos
atraviesa los espacios
el miedo
Respiro clorofila y tierra
De un golpe el corazón salta
Oh Dios y abre los brazos en medio
del océano y la música
Tú eres Dios el océano la música
yo soy el miedo
Mira la vacilante estela
Aún lloro
aún tengo abiertos los brazos
y los ojos cerrados buscándote
Garganta en vuelo
Ojo que gime
garganta en vuelo
medita y esculpe la tristeza
creciente de los días
¿Cómo recoger ahora mis días
yo que estoy tan invisible
y sin cuerpo?
¿Cómo podrían nacer ahora de esta muerte
y recoger la luz si estoy sin ojos?
Un viento llega
abra las ventanas
¿Cómo me tocará
si estoy sin alas?
El humo de mi voz
Hacia el humo fluyó mi ser
casi sin voz
Sólo la sangre aún persiste
como un hilo que no cesa
y aún llama
Mas Dios
Él viene a mí
desata olor y viento
la mansedumbre de los rostros
la estela sigilosa de unos pies
húmedos que regresan
Ritual de luz
Levantarse
y dejar que circulen los ángeles
en un ritual de luz
Esparcir la primera oración
en cada hoja y su sombra
Rasgar el olor de la lluvia
Alzarse nuevo
en vaporosos cálices
Despertar el silencio está adentro
y con la vida late
Abierta está la noche en mí
He vuelto a mi ventana y a la noche
a enroscarme hacia dentro
Ya no pienso
pero existo sí en pobreza
de labio que ha callado
¿Quién fue golpeado
quién rueda reducido a un llanto?
Abierta está la noche en mí
Yo me cierro y contengo
el oleaje que me devuelve siempre
Oh Señor
abriré esta ventana
para que salgan los pájaros
Aguas íntimas
Sentada al borde de mí
dejo que nazcan lotos
pensativos
ligeros
en mi oscura corriente
En el abismo interior
mis dos caras se enfrentan
y oigo el ala de mi risa
despeñándose
Sentada al borde de mí
abro mis manos
para acoger un poco
el tierno perfume
de Dios
El agua que soy late
humanamente
en lo profundo está abriéndose
en lo más íntimo
enamorada.
——————————
La llama insomne (mediaisla 2008)

Ya el cuerpo no es el templo (el lugar del límite). Las avenidas que se curvan en su planicie oral y desmedida hacia la lengua. La piel templada y luego trémula, que arde en la caja china. El objeto morboso y deseado que ansían las manos que tiemblan. La llama múltiple, llena de orificios múltiples infinitos y calientes, donde se esconde y crece el alma, la vida o el agua, donde Sally Rodríguez oficia y convoca todas las entidades del poema, de la llama o de la luz. Poesía del cuerpo y del deseo, La llama insomne es una ventana que se niega y reafirma en el vasto mundo del poema. Un libro que se entrega sin melindres, desnudo a toda luz.
Entrevista hecha a Sally Rodríguez por Mari Cruz Agüera – 4/18/2009
Descubrí a Rally Rodríguez por azar, como suelen ocurrir siempre los grandes hallazgos; en seguida me sentí atrapada por su voz personal e intensa, por la calidez y calidad de sus palabras, por la exquisita sensibilidad de sus formas, y como siempre que encuentro a un o una poeta que me cautiva al instante, me surgieron un montón de preguntas que querría formularle si tuviese la oportunidad, como soy afortunada la oportunidad se dio, y el resultado es esta pequeña entrevista, que más que un interviú al uso, es un diálogo de poeta a poeta.
Ante todo, me gustaría saber cómo y en qué momento sentiste la llamada de la poesía?
Mi primer contacto con la poesía sucedió a través de un libro de texto. En mi casa no había libros de literatura y en la biblioteca de mi abuelo no recuerdo haber visto poesía. Pero aquel libro de texto, español de quinto curso, fue un descubrimiento maravilloso. Jamás podría explicar lo que sentí al leer aquellos versos: “Anoche cuando dormía/ ¡soñé bendita ilusión!, / que una colmena tenía/ dentro de mi corazón; /y las doradas abejas/iban fabricando en él, / con las amarguras viejas, / blanca cera y dulce miel.”
Imposible olvidar aquellos versos de Machado como otros tantos que mi alma descubrió como quien se asoma al mismo umbral de la mañana. En ese entonces comencé también a escribir.
¿CuÁles han sido tus fuentes, los poetas que has leído?
Siempre me he sentido más cerca de los españoles: Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Lorca, Aleixandre. Entre los latinoamericanos, a Octavio Paz lo siento muy acorde a mi sensibilidad poética. Bueno, y Borges me ha encantado siempre, a pesar de que en su poesía predomina el concepto más que la emoción, pero es sencillamente un gran maestro.
¿Qué buscas cuando escribes? ¿Te encuentras o, aún más, te pierdes?
Escribir, creo, es un mecanismo de liberación. Es sumergirnos en el océano del alma en busca de una luz que nos muestre el propio rostro o algo de ese rostro, como en el poema que lleva ese título en La llama insomne: la eterna danzante que se sumerge en el profundo labio, tocando las orillas del sueño.
Buscando ese rostro, que es uno y diverso a la vez. Es un rostro con infinitas formas, a veces corresponde al otro que está fuera de nosotros, podría ser el mismo rostro de Dios, pero es el mismo a fin de cuentas. Esta búsqueda es un reto constante. Al final sales a la superficie con algo en las manos y lo miras: es el poema.
¿De dónde nacen estos poemas? ¿A dónde acudes para encontrarlos?
A menudo el poema nace del dolor, de la conmoción que nos provoca alguna vivencia. A veces es la sutil percepción de alguien que flota con los ojos cerrados y se place de fluir en el misterio. Claro, el silencio y la soledad son necesarios para ese viaje en el océano interior.
¿Has sentido alguna vez el silencio poético?
Sí. Ambos silencios. El silencio que es poesía pura sin palabras, que es previo a la escritura, y el otro, el que es vacío y aridez, ausencia de ese estado de gracia.
¿Como es el proceso para escribir tus poemas, cuánto trabajas en ellos?
Muchos de mis poemas los escribí de urgencia en algún papel. Nunca los trabajo enseguida. Me gusta dejarlos un buen tiempo reposar hasta encontrarme de nuevo con ellos. Entonces los trabajo, si no quedo conforme los guardo de nuevo hasta otro día. Por lo general, lo que siempre me resulta más complicado es poner títulos. Se me hace difícil en verdad. Con frecuencia, este “reposo” ha sido de años, como en el caso de este último libro. Parte de este son poemas que llevaban bastante tiempo guardados. Una nueva fuerza me ayudó a recrearlos, a transformarlos completamente y a completar el libro.
¿Te sientes satisfecha de lo escrito cuando acabas un poema o aún te queda la sensación de querer cambiar aunque solo sea una coma?
Por lo general me siento satisfecha cuando termino el poema. Si algo no me gusta lo subrayo o lo anoto. Sé, que si no en ese momento más adelante lo mejoraré. “Luego abro de nuevo mis cofres/ recobrando la vida y las palabras/ que turbadas se espesan/Oh líquida sustancia/ túnel hacia el abrazo de fuego que me abrasa.”
¿No sientes alguna vez miedo al recorrer este túnel que nombras en tu poema? ¿Es doloroso el proceso de tu escritura?
Es más bien necesario y liberador.
¿Qué momento vive actualmente la poesía dominicana?
Creo que siempre hemos tenido buena poesía. Igual que en otros lados, no abunda, pero está ahí, confundida siempre en medio del bullicio y el ruido de los que tratan de llamar la atención. Me gustaría poder decir que esta buena poesía vive un momento esplendente y de gran difusión fuera de aquí. Pero lamentablemente no es así. La narración ha tenido mejor suerte: ha habido una apertura, una mirada interesada del mundo exterior, de las editoriales que ciertamente están dando a conocer muchos nombres de escritores dominicanos fuera de aquí. Claro, para no ser tan pesimistas, debo reconocer el trabajo excelente que hacen algunos dominicanos fuera del país, como René Rodríguez Soriano, José Alejandro Peña, Miguel D. Mena, desde sus páginas de Internet. Indudablemente es un paso de avance.
Y para terminar ¿qué consejo darías a las nuevas generaciones de poetas, a los que empiezan a adentrarse ahora en este difícil camino?
A los jóvenes, el mejor consejo es que no se dejen confundir, que lean siempre a los grandes poetas y escritores de todos los tiempos y que jamás traten de ser lo que no son. La falsedad, la pose, no va con la poesía. Se podrá ser un experto en fabricar versos, pero si no hay sinceridad, todo quedó ahí. Cada quien debe refinar su oído para oírse a sí mismo por encima del ruido. Se debe aprender a fluir con naturalidad y que no nos pierda el deseo de impresionar. Se trata de buscar en ese océano que es el alma humana, al final, ese guijarro con el que regresas, ese pequeño tesoro, si de verdad viene del alma, brillará. A veces unos se pierden en rebuscamientos inútiles, en un afán desmedido de modernidad. Yo creo, sinceramente como Borges: “ el arte debe ser como esa Ítaca/ de verde eternidad/ no de prodigios.”